Brutalidad policial y discriminación: Así es la vida de los vendedores africanos en Argentina

en El Día el 08-05-19 11:46

El ruido de una veintena de motocicletas se oye cada vez más fuerte sobre la calle Avellaneda. Es sábado al mediodía, y esta zona del barrio porteño de Flores, en la capital Argentina, está abarrotada de gente comprando ropa, tanto en los locales como sobre las veredas, donde miles de personas sin trabajo formal improvisan puntos de venta callejeros. Nada parece detener el frenesí consumidor, pero algunos levantan la cabeza y lo advierten: hay un nuevo operativo 'cacería' contra los vendedores ambulantes.

Un centenar de oficiales de la Policía de la Ciudad de Buenos Aires sale a la carrera, portando armas reglamentarias y chalecos antibalas, en busca de sus presas: serán, en su mayoría, senegaleses, quienes comienzan a correr por la avenida con su mercadería entre manos. Los que no se salven, van a forcejear sin suerte y quizás reciban alguna herida en el intento. Varios de ellos pasarán la noche detenidos y perderán su único capital material de subsistencia: los relojes, gafas de sol, gorros o prendas de vestir que venden para ganarse la vida aquí.

Este tipo de operativos policiales se repite semanalmente en las zonas comerciales de la ciudad de Buenos Aires. A tal punto, que en el mes de marzo el Grupo de Trabajo de Expertos de las Naciones Unidas (ONU), tras una visita a la Argentina, instó al gobierno local a "poner fin al excesivo control policial" de los vendedores ambulantes de descendencia africana, y alertó que las detenciones "sin orden judicial", dada la "falta de fundamento jurídico", son "ilegales".  

Violenta represión de la policía de Larreta a vendedores Senegaleses pic.twitter.com/q9F5K6kuKG

— Federico Hopphe (@federicohoppe14) 5 de junio de 2018

En realidad, el gobierno porteño sí cree que tiene elementos necesarios para realizar las detenciones; por un lado, por la "ocupación ilegal" del espacio público (contravención), y por el otro, en violación a la ley de marcas, ya que buena parte de la mercadería que portan los senegaleses —y de otras nacionalidades africanas—, son imitaciones de industrias multinacionales de renombre, que se venden a un precio mucho menor al que se ofrece en las bateas de las grandes tiendas.

Fuentes del Ministerio de Seguridad del Gobierno de la Ciudad señalaron a RT que "el comercio ilegal no implica sólo vender productos por fuera de los espacios habilitados, sino que muchas veces también oculta relaciones laborales de explotación o maltrato". En febrero, la Policía Federal, junto a la Dirección Nacional de Migraciones, detuvo a cuatro senegaleses que se dedicaban a traficar compatriotas, a quienes, según informó el diario La Nación, se les cobraban 6.000 dólares para trabajar en este país como 'manteros'.

Sin embargo, la mayoría de los senegaleses que emigran a la Argentina lo hacen por cuenta propia, a través de contactos con familiares o amigos que ya están instalados en el país. Casi todos ingresan de manera irregular, por lo que no cuentan con la documentación en regla. Eso les impide, entre otras cosas, sumarse a los programas de ferias que ofrece la Ciudad para brindar espacios a los vendedores callejeros.

"Nosotros no somos delincuentes"

Maxi llegó hace seis años desde Dakar, la capital senegalesa, y vive en un pequeño departamento junto a sus primos. Parado en una esquina sobre la avenida Nazca, es uno de los pocos africanos que habla español claro y, a pesar de la desconfianza, se anima a dialogar con este medio. Mientras ofrece a los transeúntes ropa deportiva que gu...