Falta de expertos, equipos y hospitales limitan la lucha por la vida de los enfermos de cáncer

en El Día el 08-04-19 12:18

"No me quiero morir, quiero ver crecer a mis wawas", dice llorando Maritza Q. (51). En septiembre de 2018 se enteró que tenía cáncer de vesícula biliar en etapa terminal y ahora se aferra a la vida por sus cuatro hijos y nietos. En enero terminó 25 sesiones de radioterapia, pero su salud parece no mejorar. La anemia, depresión y la pena por conseguir dinero para costear los análisis que aún requiere merman su salud.

Maritza, como casi la mayoría de los enfermos oncológicos del país, tuvo que recorrer un largo camino para acceder a un tratamiento. Primero, por su limitación económica tuvo que esperar más de un mes para reunir dinero después de su diagnóstico y así hacerse los análisis que le exigían los médicos oncólogos, entre ellos: la tomografía que tiene un costo mínimo de Bs 2.500, los análisis de sangre, orina y una radiografía de tórax que sumó un total de Bs 1.700.

Luego de los exámenes, los médicos le recomendaron que inicie un tratamiento de forma inmediata para tratar de controlar el tumor que avanzaba incontrolable y que ya se había propagado por diferentes órganos de su cuerpo y ponían en riesgo su vida. Ante ese panorama desalentador y la falta de dinero, acudió al Hospital de Clínicas con la esperanza de beneficiarse de las radioterapias gratuitas que impulsa el Gobierno.

Su desilusión fue grande por los trámites burocráticos y la larga lista de espera de enfermos que buscaban el tratamiento gratuito. No podía esperar, el dolor aumentaba, sus gritos y llantos desesperaron a su familia que decidió buscar ayuda en una clínica privada. Para eso se prestaron dinero de distintas entidades financieras, en busca de un alivio al sufrimiento de Maritza que día a día se debilitaba.

25 de sesiones de radioterapia era lo que necesitaba para detener el crecimiento del tumor que amenazaba con expandirse a los pulmones. El costo para ese tratamiento fue de Bs 21.000. Pero los gastos no terminan para la familia de la paciente que sigue sufriendo de dolores y los efectos secundarios de la radioterapia.

"¿Por qué no estoy sana? El doctor me ha dicho que con las radioterapias iba a estar mejor, pero me sigue doliendo mi espalda, y ese duro (tumor) sigue creciendo", dice mientras se toca la parte derecha del abdomen, y muestra cómo quedó su cuerpo después del tratamiento. 

"Mira, todo negro está, y eso me duele", afirma llorosa y expresa que teme morir y no ver crecer a sus nietos y a su hija más pequeña de 10 años.

La situación dramática de Maritza se repite en gran número de casos de enfermos con cáncer en el territorio nacional, pero pocos tienen la suerte de buscar tratamiento en clínicas privadas o...