La trata de adolescentes y jóvenes ataca a La Paz

en El Día el 05-04-20 01:05

Alicia y Teresa, adolescentes alteñas de 16 años, descubrieron que el trabajo en limpieza que les ofrecieron era, en realidad, para ser meseras en un bar de la ciudad de La Paz. Lo supieron recién en el departamento del hombre que les había contactado por Facebook. Tras asustarse, las dos amigas, quienes hacía tiempo buscaban empleo para ayudar con los gastos a sus respectivas familias de escasos recursos, fueron convencidas de aceptar la propuesta.

El hombre las trasladó desde El Alto, donde fue la cita, hasta un lenocinio en la calle Juan de la Riva, de esos que hay por montones en el centro paceño. Allí, las muchachas, en un inicio, vendían cerveza, pero al ver lo poco que ganaban reclamaron y quisieron irse. El proxeneta que les contactó las retuvo y atavió con ropa ajustada. Durante tres semanas las obligó a ser violentadas sexualmente por los hombres que pagaban por ello, hasta que, a mediados de octubre de 2019, en un operativo policial fueron rescatadas y atendidas por la Defensoría municipal de la niñez y adolescencia de La Paz.

Alicia y Teresa —nombres cambiados— fueron víctimas de trata con fines de violencia sexual comercial. Este delito, que cada vez más tiene a adolescentes y jóvenes de Bolivia como sus víctimas, ataca al municipio La Paz, al parecer sin freno, en medio del bajo presupuesto para combatirlo y la impunidad contra los delincuentes.

En aumento

El avance de este crimen no se detiene en el municipio de La Paz, pues está dentro del departamento que más casos registra en todo el país. Así lo muestran las 218 denuncias de trata y tráfico, y delitos conexos, recibidas en la Policía Boliviana, en 2019, las que se incrementaron en relación a las de 2018, de acuerdo con datos del Observatorio de Trata.

Infografía: ANF

Si bien en los registros se menciona trata y tráfico, en realidad lo que más se denuncia es el primer tipo de delito (72%), mientras que tráfico (3%) está en cuarto lugar, después de pornografía (19%) y proxenetismo (6%) y antes de violencia sexual comercial (1%), que son delitos conexos.

La trata es el crimen que capta, transporta, traslada y acoge a una persona —a partir de engaño, intimidación, abuso de poder, uso de la fuerza u otro modo de imposición, amenazas, aprovechamiento de la situación de dependencia o vulnerabilidad— con fines de explotación sexual o laboral.

Este mal se concentra en el municipio paceño. Al ser sede de Gobierno es un lugar que atrae a los tratantes a partir de la demanda existente, que se refleja en la cantidad de los lenocinios en pleno centro o en zonas populares, entre otros lugares.

De esa forma La Paz se convirtió en uno de los municipios de destino de la trata interna, que es la que más prevalece en el país en comparación con la externa; pues la mayor cantidad de víctimas son bolivianas. Así lo explica la capitana Gabriela Coca, jefa de la división de Trata y Tráfico de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC) La Paz, hasta inicios de marzo de este año.

Coca —quien trabajó la mayor parte de su carrera policial combatiendo este crimen— cuenta que, como les pasó a Alicia y Teresa, la mayoría de las mujeres de sus investigaciones fueron víctimas de trata con fines de violencia sexual comercial más que laboral.

Ahora, el hecho de que las cifras de las denuncias hayan incrementado puede ser evaluado positivamente porque significa —explican expertos en el tema— que las personas son menos tolerantes ante este tipo de delito y lo denuncian. Pero también es el reflejo de lo que ocurre en la sociedad paceña, en particular, y boliviana, en general, relacionado con las raíces estructurales patriarcales y violentas que conciben a la mujer como objeto.

“Entonces por más procesos de prevención que hagamos si no miramos estas raíces estructurales se nos hace mucho más complicado. Ese es uno de los factores de por qué no se está logrando deconstruir ese problema. Trabajamos mucho en prevención para que las posibles víctimas se cuiden mejor, pero no estamos trabajando (como sociedad) para ser menos violentadores”, explica Nancy Alé, coordinadora de Programa Tejiendo Redes Seguras (Protejeres) —iniciativa de cuatro organizaciones no gubernamentales que busca reforzar la lucha contra la trata de niñas, niños y adolescentes (NNA) con fines de violencia sexual—.

Tras las adolescentes y jóvenes

Coca explica que este delito —que entre sus características está el sacar de su contexto a sus víctimas— ataca, principalmente, a mujeres que tienen entre 16 y 25 años.

Por eso, para llegar a esta población, los modos operandi de este crimen cambiaron lo que ayuda, a su vez, a invisibilizarlo. Pues a diferencia de antes, los victimarios agilizan su cometido a través de las redes sociales y logran que las personas acepten un trabajo previo al encuentro con ellos.

“El delito ha mutado, ha cambiado. Ahora es tan fácil utilizar las redes sociales, es tan fácil manipular la información, perfiles falsos y la gente desafortunadamente (…) cae en la oferta de trabajo”, dice Coca, con la seriedad y firmeza que la caracterizan.

Ese hecho coadyuvó, por ejemplo, para que Alicia y Tere...