Proponen medidas para equilibrar el peso de la tecnología en los récords

en Los Tiempos el 03-11-19 02:37

El País y Runners World

Más que obsesión es psicosis, y a los atletas se les mide por las zapatillas y por la pisada, no por el consumo de oxígeno. Los efectos sostenidos en los corredores de las maratones y las carreras de fondo provocados en 2016 por la irrupción de las Vaporfly se han intensificado hasta hacerse insoportables con la evolución de las zapatillas de Nike y el más de 4% de aumento de velocidad que ofrecen, y Eliud Kipchoge bajó con ellas de las dos horas en la maratón.

Si bien Kipchoge ya se proclamó campeón olímpico en 2016 con un prototipo de las zapatillas mágicas, fue en septiembre de 2018, cuando el keniano consiguió en Berlín el récord legal de Kipchoge (2h 1m 39s) de los 42,195 kilómetros, cuando se produjo el disparo de salida de una carrera frenética en la que la tecnología tiene cada vez más peso.

En 12 meses, entre septiembre de 2018 y septiembre de 2019, se han corrido los cinco maratones más rápidos de la historia. El récord femenino de maratón, que se creía imposible, también ha caído (2h 14m 4s, Brigid Kosgei), y el de medio maratón no se batió en Valencia porque la holandesa Sifan Hassan, la encargada de conseguirlo, se tropezó y se cayó mediado el recorrido.

Todos los atletas que hicieron esos registros calzaban las zapatillas de Nike que aprovechando la ligereza y la capacidad de resiliencia (recuperar la forma original) de la espuma Pebax (nombre comercial ZoomX), que devuelve un 87% de la energía que se emplea en cada pisada, fue capaz de fabricar zapatillas con una suela de 40 milímetros de grosor en el talón y 31 milímetros en la punta y con una placa de carbono en el centro para dar rigidez a las articulaciones de los dedos y mejorar la eficiencia y el toque de tobillo que sólo pesan 184 gramos, apenas tres gramos más que la generación anterior de las Nike de espuma EVA que sólo permitían una suela de 23 milímetros.

El 13 de octubre en Viena, cuando corrió la maratón en 1h 59m 50s, Kipchoge utilizó un ultimísimo modelo con casi un 20% más de espuma ZoomX para suelas de 51 mm en el talón y 42 mm en la puntera (un desnivel de casi un centímetro) y tres placas de carbono y cuatro burbujas de aire incrustadas.

Los escépticos dicen que la barrera que superó el maratonista keniano, que no será legalizada, fue más un éxito de la evolución tecnológica que de la esencia humana y piden que se prohíban unas zapatillas que distorsionan el atletismo.

La Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF, por sus siglas en inglés) responde paralizada, empeñada, dice estar en la búsqueda de un equilibrio que no cierre la puerta a la tecnología y que, permita a atletas normales conseguir marcas extranormales.

El reglamento de la IAAF señala que todos los calzados son legales siempre que estén al alcance de todos y que no ofrezcan ventajas ni ayudas calificadas de injustas. La federación no cuantifica qué es justo o injusto entre otras razones porque carece de medios para controlar el interior de todas las zapatillas en todas las carreras y el retorno de energía que regalan. Para ayudarles a tomar una decisión, el especialista Geoffrey T. Burns, ha propuesto en un artículo publicado en el BJSM (British Journal of Sports Medicine) una medida bien sencilla: dado que en la mediasue...